Un gimnasio en el centro de Madrid. Unas 25 personas, alineadas en filas de cinco, la mayoría mujeres enfundadas en mallas de colores llamativos, esperan las órdenes del monitor. Arranca la música. Unas percusiones brasileñas agitan los cuádriceps. Pum, pum, pum. Se desliza un teclado que empieza a marcar un ritmo frenético.
Después de trabajar en muchos gimnasios de Madrid, Julio J. Ureña, 40 años, prepara ahora a gimnastas a domicilio. Es entrenador personal. "Si la música falla, la sesión de gimnasia es un desastre. Las canciones son las que marcan el ritmo, es una herramienta estimulante esencial", explica. Ureña apuesta por la música "cañera, discotequera y comercial". Y pone ejemplos: Poker face, de Lady Gaga, la nueva y extravagante diva del pop bailable; Loba, de Shakira; o Single ladies, de Beyoncé.
En un gimnasio Holiday Gym del norte de Madrid, la monitora Laura Artolachipi, de 27 años, impone su ritmo. Ella tiene su técnica: crear ambientes. Por ejemplo, en la bicicleta. Así lo explica: "Lo que intento es imaginar paisajes. Si suena Moving, de Macaco, se trata de una resistencia alta, como si subieses una montaña. Besos, de El Canto del Loco, es para un ritmo acelerado. E Inevitable, de Shakira, que cuenta con una fase lenta y otra rápida, es como si pedaleases en un llano y luego te enfrentases a una gran bajada".


